Mi abuelita

Si la calidad de nuestra vida solo se midiera en años, podríamos decir que mi abuelita tuvo una muy buena vida. Si agregamos otros factores: dónde nacimos, dónde crecimos, la relación con nuestros padres y nuestra pareja, nuestras oportunidades, la suerte de nuestros hijos, la salud, etc., etc., la vida adquiere los matices que la convierten en un complejo y no siempre venturoso recorrido. La vida de mi abue no fue la excepción. A lo largo de sus casi 98 años, mi abuelita sufrió penas que hicieron mella en su felicidad. Durante esta última etapa de su vida en la que las limitaciones físicas la obligaron a la inactividad, recordaba a menudo momentos de maltrato y de conflicto, de abandono y vulnerabilidad con velada tristeza y visible rencor. Con sus palabras, intentaba convencernos de que no le había dolido tanto (como si en lugar de corazón hubiera tenido un caparazón), y que los insultos y desaires se le habían resbalado. Mentira. Mi abue se sobrepuso a los reveses de la vida...